domingo, 16 de septiembre de 2007

¿Los Códigos Éticos no sirven para nada?

La sanción económica de 100 millones de dólares impuesta a la escudería Mclaren-Mercedes por el caso de espionaje a Ferrari, es la mayor en la historia del campeonato de Fórmula 1, desde su creación en 1950.

La multa supone la cuarta parte del presupuesto de McLaren-Mercedes para la presente temporada (400 millones), el más alto de las once escuderías que compiten y de esos 100 millones de dólares hay que descontar el dinero que el equipo pierde por no poder ser campeón del mundo de constructores, por lo que la multa real ascendería a entre 20 y 30 millones de dólares. Vamos una pasta.

La FIA anunció los motivos de la sanción y entre ellos incluía los correos electrónicos entre Fernando Alonso y Pedro de la Rosa que “muestran inequívocamente que ambos recibieron, vía Coughlan, información confidencial de Ferrari”.

Esta noticia sobre McLaren-Mercedes me ha hecho plantearme muchas preguntas:

¿Ha sido ético el comportamiento de estos dos empleados de la compañía McLaren-Mercedes? ¿Dónde estaban los mecanismos internos para prevenir este tipo de comportamientos?.

Pues bien, investigando un poco dentro del código que regula el comportamiento ético de los empleados de Mercedes Benz se puede leer lo siguiente: “Not seek competitive advantage through unlawful or unethical business practices”. (Código Ético)

Dentro del mismo Código se especifica que los empleados que incumplen dichos principios serán sancionados. Por tanto, ¿cuál debería ser la sanción interna para Fernando Alonso y Pedro de la Rosa?

Los empleados son los últimos responsables de la imagen y el comportamiento de una empresa. Por tanto, para que una empresa sea responsable, sus empleados deben actuar de forma íntegra y ser consecuente con sus acciones. En este caso, el resultado es serio: 100 millones de dólares y la pérdida del campeonato de escuderías este año. Vamos que la ética y el bolsillo son conceptos muy relacionados entre sí.

Los Códigos Éticos sirven para informar y concienciar a los empleados de las consecuencias negativas que pueden tener sus malas acciones para la empresa en términos económicos y de reputación. El problema es que rara vez se aplican y finalmente queda la imagen de que no sirven para nada.

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